miércoles, 1 de octubre de 2014

La manifestación ¿feminista? de Chanel




Chanel ha conseguido que el Gran Palais se lanzase a las calles (metafóricamente hablando) para reivindicar los derechos de la mujer. Karl Lagerfeld se encargó de que toda su colección transmitiera un mensaje claro  plasmado en cada detalle: bolsos y brazaletes lanzaban al mundo mensajes como “Make fashion, not war” o “Ladies first”. 

Sin embargo, ha sido el desfile en sí el que más revuelo ha provocado: sobre la pasarela, todas las modelos han aparecido en una manifestación multitudinaria portando pancartas con palabras tan reivindicativas como “History is her story” “Women’s Rights are More than Alright”, “We Can Match the Machos” and “Boys Should Get Pregnant Too?”. Estos eslóganes se contextualizan en un panorama social actual que lucha por la igualdad de la mujer, desde las pretensiones de Femen o de las Pussy Riot, al demoledor discurso de Emma Watson en la ONU. Pero el punto de todo es, ¿qué estaba intentando decir Karl con estos mensajes?

La polémica desde luego, está servida. Teniendo en cuenta sus declaraciones, no se puede decir que el Lagerfeld sea precisamente una persona feminista. Cabe recordar que el director creativo de Chanel ha llegado a soltar perlas de la talla “la gente prefiere ver modelos delgadas”,  Está gorda, pero tiene una cara preciosa y una voz divina” hablando de la cantante Adèle, o “son momias gordas comiendo bolsas de patatas fritas delante de la televisión las que dicen que las modelos delgadas son feas”. Teniendo en cuenta estas frases, se podría decir que la reivindicación de Lagerfeld pasa más por defender un perfil (y una talla) específica de mujer, cuando en realidad el feminismo (a partir de su tercera ola) proclama los derechos para todo tipo de mujer, sin ningún tipo de distinción.


Pero es una de las declaraciones de Lagerfeld la que más chirría en todo esto. En una entrevista que le hizo Harper’s Bazaar en 2009, en la que debía ponerse en la cabeza de Coco Chanel para responder a las preguntas, declaró que “Chanel no era lo suficientemente fea como para ser feminista”. ¿Cómo puede ser que degrade el feminismo y cinco años después lo convierta en protagonista de su colección? Es también importante reseñar que uno de los carteles del desfile rezaba “Feminista, pero femenina”, una visión que deja claro la postura de Lagerfeld: el feminismo por norma general no puede ser femenino. 

Esta  actitud difiere completamente de su predecesora. En la obra Writing Urbanism: A design reader, se explica que en el cosmos de Coco Chanel “era inconcebible que feminidad y feminismo pudieses ser considerados conceptos diferentes. Quería vestir a una mujer que pudiese entrar en igualdad de condiciones”. Es decir, independientemente de que Coco contribuyese a liberar a la mujer o no, tenía una intencionalidad detrás de la ropa que no se manifestaba con carteles, sino haciendo sentir a la mujer lo suficientemente segura de sí misma como para verse en igualdad ante el hombre. 

En su obra Feminism, Feminity and Popular Culture, Joanne Hollows recoge que la segunda ola de feminismo, que criticaba la moda como un sistema que esclaviza a la mujer, rechazaba la feminidad. Sin embargo, también explica que existen corrientes actuales que abrazan la moda y la belleza como una herramienta de resistencia, por lo que podría decirse que sí, feminismo y feminidad son dos términos perfectamente compatibles. 

En esta línea, el mensaje de Lagerfeld queda muy difuso por dar una visión muy oportunista y particular del feminismo. ¿Es quizás una visión errónea? En cualquier caso, y aunque no se le puede tratar precisamente de no conocer a Coco Chanel,  es una visión que no se corresponde con la propia postura de su creadora. Pero he ahí el quid de la cuestión: para Karl Lagerfeld el respeto no es creativo: “Chanel es una institución, y tienes que tratar a una institución como una prostituta para obtener algo de ella”. Karl dice que Coco Chanel era una paradoja en sí, y manifestaciones como este desfile demuestran que él mismo también lo es. Y aunque el problema radica en que no habría que tomarse este desfile demasiado en serio por las propias contradicciones que existen en él, contribuye a confundir un concepto cada vez más difuso (y probablemente equivocado) del discurso feminista.

2 comentarios:

  1. Este señor solo quiere crear revuelo y que se hable de él, quizás ni el mismo sabe lo que entiende por ser feminista...

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